
He de reconocerlo: Padezco de bichofobia -bichofobium comunus, en... ¿latín?- Ya, ya lo sé. No hace falta que me lo digan; no existe tal término,
bichofobia. En fin, aun así me entendéis -seguro :)-
¡Y es que no lo puedo soportar!. Es divisar un
OV(!=)NI(!=) -
Objeto Volante (o no) No Identificado (o si)- y ya me entra el nerviosismo. Cucarachas, escarabajos, arañas, abejas, avispas, avejorros... ¡inlcuso mosquitos! Huyo de todos ellos como de
Hacienda se tratara para muchos otros.
Y no es que tenga auténtico pavor a que alguno de ellos le de por picarme y/o atacarme. No, no es sólo eso. También son las múltiples formas y estructuras que tienen, sus movimientos o sus comportamientos autómatas. Mi forma de ser frente a los "
OV(!=)NI(!=)s" es, cuanto menos, estúpida. Ya que, seguramente, no es miedo a ellos en concreto, sino a lo desconocido. Por muchos documentales que me gusta ver sobre
bichos no consigo que ese miedo a la incertidumbre se me quite. Es un bloqueo que tengo en mi mente.
Para que os hagáis una idea -y a modo de conclusión- os contaré una anécdota referente a mi miedo a los bichos que ocurrió hace unas semanas. Era un día cualquiera, a una hora cualquiera -por la mañana-. Estaba yo en mi habitación tranquilo, leyendo alguna cosa en mi ordenador. Hacía unos minutos que había quedado con un amigo para que viniera a mi casa. Pues bien, pasados unos minutos salí a mi balcón a que me diera un poco el sol y, de paso, ver si llegaba el tío este cuando, de repente, aparece en escena un abejorro de esos gordos que parece que casi no pueden ni con su cuerpo. Mi reacción frente a semejante bichejo fue la esperada: ¡Pegué un bote que casi me caigo del balcón! Me agarré a la barandilla con pies y manos aterrorizado y, como pude, retorné a gatas a mi cubículo cerrando el ventanal de un golpe. Jajaja, en serio.
Ni en pintura puedo verlos.