
Y más que abrasador, es agobiante y pegadizo. Yo soy de los que prefieren
días soleados y calurosos, muy calurosos, en vez de esos días grises que invitan a la tristeza y al malestar de tu ego frente al mundo exterior -¿¡Lo qué dice usté!?- Pero vamos, el ambiente de ayer era fuera de lo común.
Ayer no tuve ocasión de salir mucho a la calle, ya que mi madre estuvo todo el día fuera, en el hospital trabajando -pobrecita :(- y yo, como en tantas ocasiones, me tenía que hacer cargo de mi hermanito. A las cinco de la tarde le llevé, a mi hermano, a casa de un amigo suyo. Y fue en ese momento cuando aprecié
eso a lo que me refiero en esta historia: al calor pegadizo que se percibía. Fue salir de casa, y al minuto ya estaba goteando sudor -y eso que iba vestido con unos pantalones de deporte cortos que me vienen pequeños y una camiseta sin mangas, también de deporte-
A pesar de no poder salir mucho a la calle, ayer no me lo pasé mal del todo -todo lo contrario, me lo pasé genial :)-, ya que vino mi niña a hacerme compañia todo el día. Para el calor, en mi casa lo combatimos con
aire acondicionado -gran invento este jeje- y algo mucho mejor y relajante:
un baño de agua tibia y espumoso. Fue meternos en la bañera y la relajación fue máxima; nos quedamos ahí durante bastante tiempo jugando con el agua y la espuma de mi gel de ducha -que por cierto se me ha agotado- hasta que nos arrugamos como pasas: como si fuésemos
jóvenes ancianitos. Tengo que comprar de esos jabones ideados especialmente para generar espuma y darse esta clase de baños -son de lujo- Hacía muchos años que no me daba un baño de este tipo; mi madre me ha educado para no hacer un mal uso del agua. Y lo del baño, dentro de lo que cabe, es un derroche, lo mires por donde lo mires jeje.